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domingo, 13 de mayo de 2012

Nada muere mientras yo pueda recordar





Oh, tiempo....

...el que nos robaron,
el que desperdicié,
el que no supe reconocer, el que nos negaron, 
el que no nos correspondía,
el que imaginé, 
el que soñamos y pedimos,
el que nos regalaron,
el que fue bendecido y el que nació condenado.
El tiempo muerto y el tiempo que vivirá para siempre.
El pasado, presente  y futuro.
El ahora.
Y la eternidad...
Aunque a veces...ni siquiera ella me sirve.

Pero nada muere...mientras yo pueda cerrar los ojos y recordar.







viernes, 11 de noviembre de 2011

Las cosas que sé

Las cosas que sé by Murasaki_Koe


Sé que mis huellas se las llevará el agua al tontear con la orilla.
Que nada es definitivo, puesto que anochece y vuelve a salir el sol. Y la noche regresa, de nuevo.

Sé que puedo pasar lentamente o veloz por mi sendero junto al océano y que quizás nadie me vea.
Pero también sé que es posible que el viento lleve mi risa y mi llanto a quien lee junto al mar.
Y que la luz de luna señale mis huellas a quien la contempla mientras pide un deseo.
Sé que es difícil que ocurra.
Pero posible.
Y sé, a ciencia cierta, que en la esencia de esos momentos reside la eternidad.










lunes, 18 de abril de 2011

Que no se diga que no lo intentamos

Perpetuo intento by Murasaki_Koe
Perpetuo intento.

A veces alcanzar una meta, un sueño o propósito resulta imposible por mucho que se intente.
O es que no lo intentamos de la forma correcta. 
Pero es que a veces la forma correcta es realmente compleja y esquiva.
Sea de la forma que sea, la huella de nuestros intentos, nos define tanto o más que nuestros éxitos o fracasos. 
Nos dignifica la voluntad. 
Rejuvenece nuestro espíritu. 
E ilumina nuestra oscuridad.
Podrán decir que es imposible, que no lo logramos o que no supimos conseguirlo.
Pero nunca, jamás, podrán decir que no lo intentamos continuamente.






martes, 15 de febrero de 2011

Sin opciones

Curia Hostilia, sede del Senado. Foro romano. Roma.
Tomé esta foto extasiada ante tanta belleza. Mayo de 2010.
Tomamos decisiones libres a diario. Pero una verdad tan implacable como el tiempo es que no lo decidimos todo. Y aunque lo sabemos, siempre nos sorprende comprobarlo. Por eso, cuando sin previo aviso, nos quedamos sin opciones, arrugamos el entrecejo preguntándonos qué ha pasado. Miramos iracundos hacia ninguna parte porque no sabemos a quién exigir cuentas. Buscamos palabras que no llegan porque en el fondo poco se puede decir. ¿Qué es lo que ha sucedido realmente?
Algunos dirán que el destino ha golpeado. Otros que la suerte dejó de acompañarnos. Hay grupitos que afirmarán que un castigo divino nos ha alcanzado... y también que era imposible que no nos tocase porque le toca a todo el mundo...
Yo creo que durante esos golpes rozamos nuestro límite para palpar su forma y decidir cómo remodelarlo. Como si a tientas recorriéramos un laberinto interior buscando la salida. No es una forma tranquila de conocernos, pero es una exploración interesante. Porque yo creo que a veces no hay salida. Pero sí opciones:
Si el destino, o los demás, nos desconciertan con sus apariciones, ¿por qué no abrir una puerta interior que nos lleve a la sala de motores? ¿Por qué no derribar nuestros propios muros, con una demolición controlada, si el destino lo intenta a menudo arrasándolo todo a su paso?.
No creo que consigamos mucho si el susodicho se alía con circunstancias incontrolables, pero no quiero sentirme coartada. Necesito pensar y pensar lo que quiera. Tener mi propia puerta de salida o entrada. Tener opciones. Buenas o regulares. Prácticas o poéticas. Efectivas o simplemente humanistas. Tener siempre opciones. Es decir, tener libertad.
De la valentía para ejercerla, hablamos otro día...